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ObCP - Noticias
Por una ciudad inteligente
19/04/2016
Fuente

Heraldo de Aragón

Estamos en un momento clave para ciudades como Zaragoza, que tienen la oportunidad de dotarse de un nuevo modelo socioeconómico basado en las redes de conocimiento, en una gestión sostenible y en la participación social.

José María Gimeno Feliu

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Zaragoza y director del Observatorio de Contratación Pública

El concepto de ‘smart city’ (traducido en España como ‘ciudad inteligente’) se ha extendido en nuestro país como una nueva referencia de gobernanza local, que pone su acento en la mejora tecnológica de redes del conocimiento. Pero es, y debe ser, mucho más. La estrategia de ‘ciudad inteligente’ –o mejor, de ‘ciudad eficiente’– consiste en una política activa de desarrollo urbano basado en la sostenibilidad, que es capaz de responder adecuadamente a las necesidades básicas de los habitantes, las instituciones y las empresas, tanto en el plano económico del conocimiento, como en los aspectos operativos, sociales y ambientales.

El modelo de ciudad eficiente es siempre ‘singular’ y exige, por tanto, prospectiva activa sobre las características del tejido social y económico de cada ciudad y conocimiento de las necesidades de los ciudadanos. Pero lo importante es que la estrategia de ciudad sea de carácter integral y que no ponga su acento en un único aspecto, pues el resultado debe preservar la exigencia de una mejor calidad de prestaciones y condiciones de vida de la ciudadanía.

Un primer reto en la transición hacia el modelo de ciudad eficiente es incorporar la ‘idea’ del conocimiento como una de las señas de identidad. En la necesaria migración de nuestro modelo productivo hacia un modelo estable y no especulativo, un modelo de ciudad inteligente, que ponga el acento en el conocimiento como política pública de captación y retención del talento, fomentará la instalación de empresas, generalmente pymes, y la consolidación de un empleo altamente cualificado y estable. Obviamente, esta orientación resulta más factible en aquellas ciudades o áreas metropolitanas en las que ya existen importantes centros de transferencia de conocimiento, tanto a nivel privado como público, y muy especialmente en lugares con una posición estratégica líder de una universidad (como sucede con Zaragoza). Reorientar el modelo de ciudad de forma activa hacia este factor de la innovación es uno de los ejes para liderar un modelo de consolidación de ciudad eficiente y responsable.

Y la ‘ventana de oportunidad’ es muy evidente. De hecho, tanto la Unión Europea como el Estado español están articulando políticas propias para animar este nuevo modelo. Así, la Red Innpulso de Ciudades de la Ciencia y la Innovación para fomentar la innovación en los ayuntamientos españoles (creada en 2011) es una oportunidad para iniciar esta transición hacia un nuevo modelo de ciudad y poder optar a la consideración de ‘Ciudad de la Ciencia y la Innovación’, que reconoce a las ciudades líderes que han apoyado inversiones en infraestructuras que favorezcan la sostenibilidad económica y mejoren nuestro patrón de crecimiento basado en el conocimiento y la innovación.

En Aragón –donde solo tiene esta distinción Ejea de los Caballeros–, por las propias características del modelo institucional público- privado se puede aventurar que en varias ciudades, y muy especialmente en Zaragoza, la estrategia de ciudad de la ciencia debe ser el principal referente de una política integral de ciudad.

El conocimiento es, sin duda, un elemento clave en la nueva concepción de ciudad inteligente. Pero no el único. Una ciudad eficiente- inteligente debe aspirar a integrar el capital social y la calidad ambiental como elementos fundamentales de su gestión. Más importante incluso que el conocimiento, es la adecuada participación y el diálogo social como modelo de ciudad, que permita la toma de decisiones públicas desde una nueva óptica. Y, por supuesto, ‘rearmar’ un nuevo modelo de ciudad sobre los fundamentos del desarrollo sostenible, que preserve no solo una adecuada gestión ambiental, sino que haga de las condiciones sociales en la prestación de los servicios públicos y de cooperación con el tercer sector y entidades de economía social su principal seña de identidad.

Es momento de reflexionar sobre el modelo de ciudad y, sobre todo, de una política que, desde el realismo y el consenso social, lidere la transición hacia una ciudad inteligente y eficiente socialmente.

Publicado en Heraldo de Aragón, el 12 de abril de 2016.