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ObCP - Noticias
La innovación como política
19/04/2016
Fuente

Heraldo de Aragón

La innovación, que es una de las principales palancas para el progreso social y económico, debe ser impulsada en España desde la Administración, mediante políticas públicas que pongan en marcha los estímulos necesarios para su desarrollo.

José María Gimeno Feliu

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Zaragoza y director del Observatorio de Contratación Pública

Resulta muy conocida la frase de Miguel Unamuno «que inventen ellos», en plena disputa con Ortega y Gasset en relación a la europeización de España, que ha sido utilizada como ejemplo de la posición española ante el progreso científico, al que se consideraba como algo marginal. La aseveración, como el mismo Unamuno explicaba, no renunciaba a la paradoja de la misma sobre una interpretación distinta, en tanto no cuestiona tanto el valor de la innovación científica, sino la conveniencia de que un país como España haga de la misma una seña de identidad.

En pleno siglo XXI podemos afirmar que cualquier sociedad moderna que aspire a un adecuado estándar de progreso social y económico debe hacer de la innovación y de la investigación científica uno de los ejes claves de sus políticas públicas. No en vano es una de las «palancas de cambio» referidas por las instituciones europeas en la conocida Estrategia Europa 2020, en tanto se aspira a que la «UE posea una economía inteligente, sostenible e integradora. Estas tres prioridades, que se refuerzan mutuamente, contribuirán a que la UE y sus Estados miembros generen altos niveles de empleo, productividad y cohesión social». Y para ello, un instrumento principal es la innovación.

En un mundo globalizado, con importantes tensiones que afectan a los niveles de protección social y de equidad, redirigir la actividad económica hacia modelos productivos de economía circular y de innovación es una estrategia publica de primer nivel, en tanto deben ser motores de la prosperidad social y económica. Así, la ‘nueva política’, junto a la necesaria regeneración democrática, debe poner especial atención en promover un marco jurídico, social y educativo que fomente el valor de la innovación y de la investigación. Lo que exige reconocimiento social (y retributivo) que ponga en valor la importancia de este tipo de actividades. Por supuesto, una política presupuestaria pública que crea sinceramente en un modelo que, aunque comporta riesgos económicos en iniciativas que no prosperarán, ha de servir para consolidar una economía sostenible y no especulativa, así como para recuperar el talento.

España, como país y como sociedad, necesita de una efectiva política pública de innovación (y de investigación), más necesaria en momentos de crisis económica. Y las Administraciones públicas tienen que liderar este proceso de cambio, tanto por potencial económico, como por el ‘efecto imitación’ en el sector privado. Una importante técnica es la compra pública de innovación, que ha de permitir (con la nueva normativa europea, aplicable ya este 19 de abril) adquirir soluciones que no existen en el mercado (o mejorarlas), que satisfacen de manera más eficiente y eficaz una concreta necesidad. Una adecuada política de compra pública de innovación permitirá la mejora de los servicios públicos mediante la incorporación de bienes o servicios innovadores; el fomento de la innovación empresarial, y el impulso a la internacionalización de la innovación empleando el mercado público local como cliente de lanzamiento o referencia.

Es también una oportunidad para las universidades públicas, que deben ver en la innovación una de sus principales señas de identidad. El talento que contienen las universidades y sus grupos de investigación debe ser la fuerza tractora para ser líderes en la implementación y consolidación de una nueva política pública de innovación.

Son tiempos de una nueva política que fomente la creatividad, que reconozca y valore de forma adecuada el progreso y la innovación, que invierta con convicción y de forma suficiente en el conocimiento como factor de consolidación económica y social, que articule un sistema educativo integrador y estable que estimule la ilusión por aprender. Solo así se podrá conseguir un crecimiento futuro inteligente, sostenible e integrador.

Como afirmó Steve Jobs, «la innovación es lo que distingue a un líder de un seguidor». España, como sociedad, a través de sus instituciones, debe asumir con convicción esta posición de liderazgo en torno a la innovación. Ahora no podemos perder esta oportunidad.

Publicado en Heraldo de Aragón, el 29 de marzo de 2016.