Image
ObCP - Opinión
Obviedades

Hay quien cree que la normativa de contratos públicos está totalmente desconectada del Código Civil, lo que acaba generando problemas de lo más variados. Cierto es que el Derecho Administrativo se autointegra a sí mismo en base a sus numerosas normas y sus peculiares principios, pero no es menos cierta la supletoriedad general del Código Civil.

28/01/2019

Es claro y obvio que la normativa de contratos se creó antes que las leyes administrativas sobre contratos públicos, es claro que el Código Civil, desde el siglo XIX ,es supletorio de último grado (art. 4.3 Cc.). Pese a todo ello hay gente que cree que la normativa de contratos públicos está, totalmente, desconectada del Código Civil, y ello acaba en problemas de lo más variados. Cierto es que el Derecho Administrativo se autointegra a sí mismo en base a sus numerosas normas y sus peculiares principios, pero no es menos cierta la supletoriedad general del Código Civil.

El creer sólo en la existencia del Derecho Administrativo, lleva a varias cosas como decíamos, la primera es creer en la máxima de que sólo se puede hacer lo previsto en la norma, con lo cual, se inaplica de facto el art. 34 “Libertad de pactos” de la Ley de Contratos de Sector Público de 2017. La segunda es que no se tiene en cuenta que en el Derecho Administrativo no hay igualdad de partes, hay una potentior persona (Administración) frente a un particular que no entiende nada, además de quedar a disposición de la Administración suele cargar con todos sus errores y, a veces, cobra cuando sea.

Hay que tener claro que el particular, aunque sea veterano contratista, no suele saber derecho administrativo contractual, ello conlleva que le resulta difícil acceder a la contratación y por tanto y pese a que cuenta a su favor con que no se valora la experiencia para adjudicar contratos. Esto obedece a que así puede entrar gente nueva como proveedor de la Administración. El no valorar la experiencia para adjudicar, facilita las posibilidades de todo contratista pero quizá no salga elegido un contratista con una experiencia normal sino el más inexperto de todos que, además, no tiene ni idea de los tecnicismos administrativos para ejecutar el contrato. O sea que, frente a un contratista desorientado, tenemos una potentior persona confussa, confusión que va en aumento con unos Pliegos de contratación complicados y dedicados, en gran parte, al procedimiento, y que mezclan lo jurídico con lo técnico.

La Administración suele llevar cuidado en ser muy “pulida” en el procedimiento pero cree que sólo es aplicable la normativa que controla y se suele olvidar de otra cosa que no sea el Derecho Administrativo y del contratista al que trata como si estuviera al cabo de la calle de todo, demostrando que le interesa más la “limpieza” del procedimiento que la prestación en sí.

Colaborador